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Avistajes de ballenas en helicóptero, una actividad “aberrante”
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"El uso de aeronaves para la observación de ballenas a nivel mundial representa el 1% de la actividad y solo se realiza en zonas migratorias o de alimentación de cachalotes y otras especies, pero no en zonas de nacimiento y crianza como es el caso de las ballenas francas en las aguas de los Golfos Nuevo y San José, Península Valdés - declarada en 1999 por la UNESCO Patrimonio Natural de la Humanidad, lo que exige un mayor control y protección del ecosistema tanto terrestre como marino. Las aeronaves no deben volar a menos de 150 metros de altura sobre ballenas francas, lo cual indica claramente que la observación turística desde semejante altura daría una imagen visual de las ballenas como si éstas midieran sólo 15 centímetros, considerando que a la distancia los objetos se observan más pequeños. Debemos tener en cuenta que a partir de un accidente en el cual un buque de guerra de la Armada Argentina mató, sin intención, a una ballena franca con sus hélices, les fue prohibido el ingreso a las aguas de los golfos en época de ballena, razón de más para comprender la exigencia en la conservación que se tiene en dicha zona, como para permitir ahora el vuelo de helicópteros para realizar observación de fauna, algo que como bien conocemos trajo lamentables consecuencias para la fauna en las Cataratas del Iguazú. La actitud de las orcas ante el sonido de aviones o helicópteros a baja altura, genera rápidas inmersiones y en el caso de integrar el grupo algún cachorro, éste se esconde debajo de la madre hasta que el sonido, o sea la fuente de alteración, se aleja. Lo mismo sucede si la sombra del avión pasa sobre las orcas, lo cual hace que las mismas se sumerjan a más profundidad en forma evasiva. Actitud similar se observa en las ballenas francas. En la Antártida, donde tuve la oportunidad de desplazarme en tres tipos de helicópteros, observé como las focas y pingüinos que están sobre bandejones se alteraban cuando pasábamos por el lugar, a pesar que estábamos a más de 100 metros de altura, algunos se lanzaban al agua, otros se desplazaban hasta el borde del bandejón con intención de entrar al agua en el caso que la alteración continuara. El sobrevuelo y sonido de los helicópteros alteran a las aves y mamíferos, poniendo en peligro las zonas de reproducción. Los cetáceos dependen del sonido para comunicarse, navegar y detectar potenciales predadores y presas. Las aeronaves producen una frecuencia de ruido que se está dentro del rango auditivo de los cetáceos, el sonido se genera en el aire, se transmite a través de la superficie y luego se propaga bajo el agua, con la consecuente alteración en la conducta y rango de comunicación entre ellos. La Comisión Ballenera Internacional (CBI) en las recomendaciones vigentes para el avistaje de cetáceos, indica: “Diseñar, mantener y operar plataformas de avistaje para minimizar el riesgo de efectos adversos sobre los cetáceos incluyendo las molestias ocasionadas por ruidos” explicando más adelante que “las especies de cetáceos responden de diferente manera a los sonidos de alta y baja frecuencia, a la intensidad de los sonidos y a los cambios bruscos en el sonido” Hace poco un helicóptero transportó a la señora Susana Giménez desde Puerto Madryn a la pingüinera de Punta Tombo donde fue especialmente invitada, sin que las autoridades correspondientes tomaran la responsabilidad de considerar la posible alteración hacia la fauna del lugar que podía producir el helicóptero, actitud criticada por especialistas en pingüinos y guardafaunas. La intención fue provocar el menor impacto de molestia en la persona invitada evitándole el largo viaje en vehiculo, que es el único medio por el cual llegan los miles de turistas que visitan cada temporada ese hermoso lugar. Evidentemente en esta oportunidad se pensó mas en la publicidad que en la molestia a la fauna que dio origen y razón de ser a la reserva y apostadero de reproducción del pingüino de Magallanes mas importante del mundo, como lo es Punta Tombo en la Provincia del Chubut. Espero que las aspas de helicópteros no generen más viento del que ya tenemos en Patagonia, a pesar que ya generaron un tornado de discusión y el planteo de un futuro problema a resolver. Particularmente me encantan los helicópteros y si bien tuve la oportunidad de ser parte de la tripulación como buzo (o nadador) de rescate en uno de ellos durante una carrera de OFFSHORE realizada un verano en las aguas del Golfo Nuevo, entiendo que a pesar de mi pasión por ellos no deberían ser utilizados para avistajes de fauna.

Juan Carlos López

Proyecto Orca Patagonia-Antártida autor del libro "Orcas entre el mito y la realidad"

La opinión que brinda sobre el avistaje con helicópteros el Sr. Antonio Torrejón
http://www.lu17.com/


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